El mes pasado pudimos tomarnos una semana de vacaciones. Tras mirar varias opciones nos decidimos a coger un viaje programdo que de precio estaba muy muy bien.
Dimos la consiguiente señal para hacer la reserva y quedamos en espera de que el grupo se formara y así poder hacerlo.
Después de 15 días de espera, nos llamaron de la agencia para comunicarnos que el grupo no se había formado y en cambio que había otro para el mismo sitio que si, que ese era fijo que salía y además algo mejor de precio.
Bueno, pues nos lo pensamos y a pesar de que en esta nueva oferta no nos incluía ninguna sesión de spa (en el otro teníamos incluidos tratamientos de 2 horas tres días en balneario spa) y puesto que la fecha de salida la teníamos encima y las vacaciones pedidas, aceptamos.
Muchas horas de autobus nos esperaban por delante, pero pensabamos que la experiencia merecería la pena.
Fuimos a recoger los billetes y que nos dijeran la hora de salida y el lugar en el que nos recogerían.
Bien, nos dieron toda la información, en teoría, pues cuando llegó el día y la hora prevista, nos encontramos conque el autobús no era el que venía señalado en el billete. Aún así, nos subimos y ségún nos iba llamando el conductor, él nos fue asignando el número de asiento. Después comprobamos que tampoco teníamos el asiento señalado en el billete, así que nos vimos ubicados en el fondo del autobus.
El autobus, no era ni con mucho, al menos para la mayoría de la gente a la que nos recogió el esperado. Era y seguirá siendo, puesto que la compañía debe de tener todavía pululando por ahí más de éstos para hacer viajes de más de diez horas, un autobús de 67 plazas para ir sentados y 13 para ir de piés (eso ponía arriba del asiento del conductor).
Nooooooooo, no piensen que nos llevaron a 13 pasajeros de pies, noo. Fuímos los 67 sentaditos cada uno en un sitio, pero sin podernos mover un ápice de ellos, sin poder echar el respaldo hacía atras y poder dormir o descansar, pues eso suponía empotrar al señor o señora que teníamos detras.
Los asientos de cómodos nada de nada. Los cristales de las ventanillas estaban pintados con bobadas que los críos suelen pintar en ellos. Es decir, pensamos que debía ser un autobus escolar, pues hasta en el suelo tenía papeles y las redes que los asientos tienen atrás de los respaldos, en las cuales puedes dejar una revista, un libro o cualquier otra cosa, la mayoría de ellas estaban o rotas no existian.
El aire acondicionado brillaba por su ausencia y el ruido del motor ni os cuento como se oía en la parte de atrás del autobus.
La señorita, que se supone que venía de acompañante, lo único que hizo fue cuando subió al autobus, fue saludarnos con la mano desde la entrada y eso sí, darnos los buenos días.
Así dio comienzo el viaje desde nuestro punto de partida.
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